Acercarse a la Naturaleza desde la mirada del Ilustrador

Un pincel no más ancho que una aguja de bordar, una lupa para ver más allá de la vista. Nos sumergimos en un microcosmos de detalles fascinantes: en qué dirección van las estrías de un pétalo, cómo se ordenan las nervaduras de una hoja, cómo se estructura una conchita de mar o cuántos colores hay en el ala de una mariposa… 


Hay algo muy bonito que se desarrolla en la práctica del ilustrador naturalista. No es el fotógrafo de paisaje que se conmueve frente a la inmensidad de la naturaleza. Tampoco el montañista o explorador y su adrenalina de la conquista. La del ilustrador es una mirada precisa y profunda, sensible al detalle, que quiere ante todo entender.


La ilustración naturalista ha cumplido desde sus inicios la función de asistir a la ciencia en la identificación, descripción y clasificación de las especies. Desde el siglo XVIII - a la par con el desarrollo de la taxonomía- y hasta el día de hoy… continúa como práctica vigente y es una herramienta imprescindible para los científicos por ejemplo en la reconstrucción de escenas históricas, representación de especies extintas o en la comunicación de información compleja a través de imágenes sencillas y visualmente atractivas. 


La ilustración es al fin y al cabo un lenguaje visual, una manera de comunicar. Y los ilustradores naturalistas nos dedicamos a entender con todo el detalle posible el lenguaje con que la naturaleza se presenta, para así poder traducirlo en imágenes. El tiempo que requiere crear una imagen ilustrada, desde toda la observación e investigación previa de los modelos hasta el último detalle de cada lámina, es muy diferente de la instantánea de la fotografía, y en ese transcurso reparamos en detalles que normalmente se pasan por alto. Observamos, medimos, comparamos… y en ese proceso comenzamos a darnos cuentas de cosas maravillosas: proporciones y relaciones entre los elementos, patrones que se repiten, una geometría misteriosa que al parecer todo lo ordena. 


Mi experiencia al menos, es de la más plena fascinación y admiración, y el extraño pero emocionante presentimiento de que todo está conectado en un sistema de perfecta armonía que aún tiene mucho por descifrar. Al dibujar después de un proceso detallado de contemplación y observación podemos acercarnos a comprender la naturaleza, y consecuentemente apreciar y valorar su complejidad y belleza. 

 

Originalmente publicado en Ladera Sur

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